
Marcos Sánchez Gädicke y su experiencia de práctica en la JVBB: “En lo personal y profesional, fue un salto inmenso”
El estudiante de Ingeniería Civil Agrícola de nuestra Facultad comenta su experiencia durante su práctica profesional en la Junta de Vigilancia de la Cuenca del Río Biobío (JVBB), donde fue reconocido por los resultados de su estudio. En este trabajo realizó un análisis técnico sobre los acuerdos operacionales del Embalse Ralco entre Enel Chile y la organización (2021–2026), cuyos principales aspectos comparte a continuación.
¿Cómo se originó la posibilidad de realizar tu práctica profesional en la Junta de Vigilancia de la Cuenca del río Biobío y desarrollar este estudio?
La oportunidad de realizar la práctica surgió gracias a un correo del profesor Arumí, de la universidad, quien me comentó sobre esta opción. Por otra parte, la necesidad específica de desarrollar este estudio nació porque en la Junta de Vigilancia querían encontrar una forma objetiva y basada en datos para medir cuál había sido el impacto real de los acuerdos operacionales del Embalse Ralco. Buscaban pasar de una percepción general a resultados cuantificables.
¿Cuál fue el objetivo principal de tu estudio sobre los acuerdos operacionales del Embalse Ralco (2021–2026)?
El objetivo principal fue evaluar cuantitativamente la eficacia de los acuerdos operacionales suscritos entre la JVBB y Enel. En términos simples, queríamos comprobar si esta gestión colaborativa estaba logrando desacoplar la acumulación de agua de la oferta natural del río y si contribuía a sostener la seguridad hídrica durante el verano.
¿Qué metodología y datos hidrológicos utilizaste para realizar el análisis técnico de los acuerdos entre Enel Chile y la JVBB?
Utilicé un enfoque estadístico centrado en analizar el comportamiento conjunto de los caudales afluentes, los caudales efluentes y el volumen almacenado, enfocándome en los periodos críticos de la temporada de riego (septiembre a abril). Trabajé con una base de datos horaria provista por Enel, que abarcaba desde 2016 hasta enero de 2026. Debido a la gran cantidad de registros, utilicé R para procesar y analizar la información. Además, por solicitud del directorio, complementé el análisis con un estudio contrafactual post-hoc (método de “años gemelos”) para evaluar matemáticamente qué habría ocurrido con el embalse si no hubieran existido estos acuerdos.
¿Cuáles fueron los principales resultados o conclusiones de tu estudio?
El resultado más importante fue comprobar estadísticamente un “desacople hídrico”. Es decir, aunque la oferta natural de agua en la cordillera disminuyó debido a la sequía, el volumen almacenado en el embalse Ralco logró aumentar. Esto se explica por el mecanismo de ahorro solar: la central redujo drásticamente su turbinamiento durante el día para acumular agua y utilizarla durante la noche y en la época de estiaje. De esta manera, el embalse actuó como un amortiguador, protegiendo los caudales aguas abajo, especialmente en Rucalhue, y evitando que la escasez afectara directamente a los regantes.
¿Qué recomendaciones propones para mejorar la coordinación y gestión del recurso hídrico en la cuenca del río Biobío?
Considerando que la revisión y adaptación de los acuerdos ya se realiza año a año para cada temporada de riego, mi principal recomendación operativa sería implementar un sistema de alertas especializado. La idea es que este sistema genere avisos automáticos y en tiempo real a los regantes cada vez que el último embalse abra sus compuertas, mejorando significativamente la capacidad de planificación y reacción aguas abajo. Además, a nivel estratégico, recomiendo fomentar la expansión de este modelo. Gracias a los resultados obtenidos en Ralco, otros embalses han comenzado a reconocer los beneficios de los acuerdos operacionales, por lo que estandarizar estas prácticas en toda la cuenca sería un gran avance para fortalecer la seguridad hídrica.
Desde tu experiencia, ¿qué significó para ti realizar esta práctica profesional y qué aprendizajes destacarías de este proceso?
En lo personal y profesional, fue un salto inmenso. Uno de los mayores aprendizajes fue enfrentarme a números y escalas mucho más grandes de lo que acostumbramos a ver en la universidad. Me di cuenta de que en sistemas gigantescos, como la cuenca aportante a Ralco —que supera los 5.100 km²—, no es posible hacer ajustes finos de laboratorio; hay que aprender a manejar la incertidumbre a gran escala. Enfrentarme a estos problemas reales, que involucran a toda la cuenca del Biobío, tanto en este informe como en otros análisis que realicé durante la práctica, me preparó para abordar futuros desafíos profesionales con mucha más confianza.
Desde tu punto de vista, ¿cómo este tipo de experiencias fortalece el vínculo entre la formación de la Facultad de Ingeniería Agrícola y el trabajo que realiza la JVBB en la gestión del agua en la cuenca?
Creo que se trata de un intercambio bidireccional muy necesario. Desde la Facultad, los estudiantes llegamos a aportar rigor técnico, manejo de datos y metodologías avanzadas. Un ejemplo concreto fue cuando, para reducir el error en mi análisis, implementé el cálculo de la evaporación diaria directamente desde el espejo de agua del embalse. Esto me permitió ajustar los datos de la DGA y mejorar la transposición de cuencas. Trabajar a esta escala también enseña que los errores absolutos pueden parecer muy grandes al inicio, debido a la magnitud de los sistemas analizados. Sin embargo, al realizar los ajustes logramos que el error global del modelo fuera menor al 5 %. A cambio, la Junta de Vigilancia me entregó algo que no se aprende en el aula: me enseñaron a relacionarme y a traducir resultados técnicos para comunicarlos a personas de distintos perfiles, desde gerentes hasta los propios regantes, apoyándolos con las herramientas que adquirí durante mi formación.
