
Agroindustria frente al cambio climático: adaptarse, innovar y transformar
Dr. Gastón Merlet Venturelli, Director Departamento de Agroindustria, Facultad de Ingeniería Agrícola, Universidad de Concepción, Campus Chillán.
Para Diario La Discusión
Los recientes sistemas frontales que han afectado a la zona centro-sur del país, y que llevaron a declarar emergencia agrícola en Ñuble, vuelven a poner sobre la mesa una realidad que la agricultura y la agroindustria ya no pueden considerar excepcional: la variabilidad climática es parte del escenario productivo.
La presencia del fenómeno El Niño puede favorecer mayores precipitaciones en Chile central, aunque esto no significa que cada evento meteorológico sea consecuencia directa de este fenómeno. A ello se suma el calentamiento global, que modifica las condiciones en que ocurren estos eventos y puede intensificar sus efectos. La comunidad científica viene advirtiendo desde hace décadas sobre las consecuencias del cambio climático. Por ello, reconocerlo no debiera ser el punto final de la discusión, sino el punto de partida para preguntarnos qué debemos hacer para adaptarnos.
Para una región agrícola como Ñuble, el desafío no termina cuando deja de llover. Un evento intenso puede afectar cultivos, suelos, caminos, infraestructura de riego y materias primas, pero sus consecuencias alcanzan a toda la cadena agroindustrial: transporte, almacenamiento, procesamiento, calidad y tratamiento de residuos y aguas.
Paradójicamente, mientras hoy hablamos de exceso de precipitaciones, durante los últimos años la discusión ha estado dominada por la escasez hídrica. Esta aparente contradicción resume uno de nuestros principales desafíos: no basta con disponer de más agua; necesitamos gestionar mejor cuándo, dónde y en qué condiciones está disponible.
La adaptación agroindustrial debe comenzar con una gestión hídrica más inteligente: mejorar el almacenamiento, aumentar la eficiencia, reutilizar agua cuando sea técnica y sanitariamente posible y desarrollar sistemas capaces de responder tanto a periodos de déficit como de abundancia. También implica proteger instalaciones críticas y asegurar las cadenas de suministro.
A ello debemos sumar innovación. Tecnologías de tratamiento y reutilización de agua, monitoreo, automatización, modelos predictivos y valorización de residuos pueden hacer que nuestras plantas sean más resilientes y eficientes. Adaptarse no significa producir menos; puede significar producir mejor, utilizando menos recursos y reduciendo nuestra vulnerabilidad.
En este desafío, las universidades también tenemos una responsabilidad concreta. Desde la Facultad de Ingeniería Agrícola de la Universidad de Concepción formamos profesionales de Ingeniería Ambiental e Ingeniería Civil Agrícola, además de capital humano avanzado mediante el Doctorado en Recursos Hídricos y el Magíster en Ingeniería Agrícola. Desde la academia trabajamos en nuevas formas de obtener y aprovechar materias primas, promoviendo la economía circular y la valorización de residuos y subproductos agroindustriales, junto con tecnologías para tratar y reutilizar aguas contaminadas.
El fenómeno el Niño pasará, pero el desafío permanecerá. La adaptación debe ser una decisión estratégica que articule productores, agroindustrias, universidades y organismos públicos. El clima seguirá imponiendo incertidumbre; nuestra tarea es reducir cuánto de esa incertidumbre se transforma en daño.
